Bueno, la historia de Ethan y Lawrence empezó algo así:


Eran las dos y cuarenta y siete de la madrugada y Lawrie acordó que bajaría a la cocina. Descendía los peldaños cuando el desconocido levantó la cabeza desde el último escalón y ambos se miraron.
Había un extraño en su casa arrodillado en la escalera y ella sólo preguntó:
—¿Qué haces?
Y él sólo contestó:
—Matarte.
Una pausa.
—¿Por qué?
—No lo sé, guapa, yo sólo soy el mandado.
Esa fue la primera vez que Ethan sonrió a Lawrie.
También fue la última.
—Estás buscando mal, tus congéneres suelen estar en las cañerías, no en la escalera. Y además me dan mucho asco. Largo, o llamaré al control de plagas (que, por si no has notado mi eufemismo, me refiero a la policía).
—¿Qué?
—¿Han enviado a un imbécil medio retrasado a matarme? Esta sí que es buena. Y dime, quién coño me espera ahí arriba, ¿Paul Newman? — Lawrence abrió la boca y se carcajeó—. ¿Los ángeles lo acompañan tocando panderetas? ¿Hay caballos? ¿También está Chuck Norris en el comité de bienvenida? ¿Hay más idiotas como tú?
—¿Qué?
—¿Qué? — Se burló—. Venga, joder, ¿dónde está la cámara oculta? ¿Cuál de todos mis amigos está grabando esto? PUES ENTÉRATE, me importa una mierda.
—He venido para matarte— repitió—. … ¿Quién coño eres tú?
—¿No te parece que aún siendo esto una broma esa pregunta te la debería hacer yo? Estás en mi casa a las tres de la madrugada y tienes una pistola en el pantalón.
—…— Muy bien, Lawrence, qué lista—. Soy Ethan Fahrenheit.
—Lawr…
—Sí, cállate, no te preguntaba eso. Ya sé tu nombre.
—Ah, bien. ¿Te ha enviado el imbécil de Bomer? Porque no me hace gracia.
—¿Quién cojones es Bomer? Vístete.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué parte de estás en mi casa no has entendido?
—Que te vistas— el tipo de las cejas fruncidas y gruesas golpeó el escalón con el brazo. Llevaba las manos cuidadosamente enguantadas y la tarea de recolocar los peldaños de su escalera era bastante más interesante que una perpleja Lawrence que no tenía ni idea de qué coño estaba pasando. Pero sí sabía que le molestaba el maldito desconocido de las órdenes y arrugó la nariz.
Cof, cof, me asfixio con tus humos.
—…
Mierda, Lawrence, ya van dos.
—¿Qué parte de vístete no has entendido?
—Creo que la que decía que estás aquí para matarme. Mírame, joder, ¿quién querría matarme?
—Ya te he dicho que no lo sé, pero como no subas y te pongas algo YA los que vienen después de mí no se van a molestar en darte conversación.
—¿Te estás riendo a mi costa? — Sí, Lawrence había visto la pistola en la cintura del pantalón de él. Sí, no, no, no una alusión a lo que tuviera detrás de la bragueta, era una semiautomática de verdad. Y sin silenciador. Para ser un asesino no era muy inteligente. Así que a lo mejor era de plástico—. Mira, no sé qué clase de subnormalidad es esta pero hoy no tengo paciencia.
—Está bien.
Sí, estaba bien, porque Ethan se incorporó (mierda ¿cuánto medía el tipo?), la aferró de la muñeca y la arrastró. Lawrence le enseñó los dientes, una táctica muy útil porque lo siguiente que pudo hacer por su propia voluntad fue descender por la escalerilla de incendios.
Apunte nº1: Lawrence va descalza. Al asfalto eso no le importó una mierda porque se llevó la piel de las plantas de sus pies.
Apunte nº2: Lleva camisón.
Apunte nº3: También un tanga rojo.
—¡PERO A TI QUÉ MIERDA TE PASA! — Gritó cuando el desconocido no pudo esperar a que ella terminase de bajar los últimos escalones y le tiró del tobillo. También le clavó los dedos en la nuca y la obligó a andar hasta el coche aparcado al final del callejón—. ¿Me estás secuestrando?
—Sí.
Lawrence rió. Creo que si no se hubiera reído en ese momento se habría echado a llorar, pero fue con sus habituales dos huevos por delante y se carcajeó del desconocido.
—¿También van a salir los zombis de la tierra esta noche?
Apunte nº4: El tal Ethan Fahrenheit no sabía quién era el rey del pop.
Apunte nº5: La miró como si estuviera loca.
—¿Puedes tomarte esto en serio? 
—Venga, joder, soy estudiante, ESTUDIANTE, ¿lo entiendes? Mi viejo no sale de su casa y mi madre está viviendo en no sé qué lugar de Sudamérica, me estás haciendo daño, ¿quién puede querer secuestrarme A MÍ? ¿A MÍ puto comotellames tienes un apellido ridículo? — Él la ignoró y la metió en el coche como si fuera una detenida. Así ella averiguó que las tapicerías eran tan blancas que le dieron ganas de ensuciarlas aunque fuera babeándolas. No lo hizo, claro, Lawrence además de tener orgullo también tenía dignidad, o algo parecido. Pero juró que se las estropearía—. Ni siquiera es mi maldito cumpleaños. Esto no tiene ninguna gracia.
Y entonces, delante de sus narices, él insonorizó la parte delantera del automóvil y Lawrence gritó y pateó la hoja negra. Luego intentó salir, pero el seguro estaba echado. Intentó llamar, pero se lo había dejado todo en el apartamento. LISTA, LAWRENCE, lista Lawrence, lista Lawrence, ¿cómo vas a salir de ahí? Se tumbó en los asientos, intentó reventar una de las ventanillas a patadas.
Estupendo, el coche estaba blindado. Chilló.
—QUIÉN COÑO SEAS ETHAN FAHRENHEIT JURO QUE TE VOY A ARRANCAR LA PIEL A TIRAS.
Apunte nº 6: Lawrence nunca cumplía sus promesas.
Pero no le puso fácil a su secuestrador arrastrarla hasta el piso cuando el coche paró. Lo arañó, mordió, se revolvió como una perra rabiosa y cuando nada de eso funcionó, clavó los talones en el suelo y se negó a moverse hasta que Ethan perdió la paciencia y estalló:
—¿Quieres que te vuele la cabeza?
Así fue como Lawrence descubrió que la pistola era de verdad. Él se la clavó en la sien y ya no le quedó más opción que caminar hacia delante.
—Para ser un secuestrador o un asesino eres patético.
—Para ser una mujer eres patética— Lawrence gruñó.
—¿Te has visto la cara? Si yo fuera gánster nunca te contrataría. Con esas pintas sólo vales para payaso de circo— Ethan la empujó al otro lado de la puerta y ella trastabilló. Probó el sabor del suelo. Se partió el labio. Inmediatamente después todo le supo a sangre. Cuando Ethan se volvió para ordenarle algo, Lawrence acababa de desmayarse.
El colmo de la noche no había sido incumplir su contrato, arrastrarla hasta allí o que le hubiera tocado la que tenía pánico a la sangre, si no que el camisón se le había subido hasta la cintura y así descubrió que además de tener una cara bonita, Lawrence también tenía un culo bonito.





1 comentario:

(Ríete fuerte. Con vísceras.)